El cartel de la obra es inquietante; Gustavo Baggi ha hecho una foto a una mujer sentada de espaldas con un vestido rojo y una mano recogiéndole el pelo. ¿Qué le pasa a esta mujer?

Ella es Isabelle (Eva Llorach) , tiene un motivo para estar de espaldas, así como nosotros uno para entrar a verla. Ella tiene un rostro que antes era de otra mujer, es la primera receptora de un trasplante de cara; nosotros tenemos morbo, somos sus espectadores.

Diego Bagnera escribe y dirige esta pieza sumando sus talentos como periodista y hombre de teatro. El encuentro es austero, apenas unos focos sobre la expositora, una mesa, dos sillas, cleenex, un cenicero. Lo necesario para encontrarse con nosotros. La veracidad de sus actrices es tal que el juego dramático se olvida, nos invade el pudor de querer escuchar todo lo que nos pueda contar, de querer ver el rostro de la protagonista de cerca.

El texto se basa en el trasplante realizado en noviembre de 2005 a la francesa Isabelle Dinoire que después de ingerir somníferos se desmayó y golpeó la cabeza de manera accidental. Al despertarse, vio aterrorizada que su perra le había arrancado la nariz, los labios y el mentón tratando de despertarla, tenía a la vista media calavera. Un año después del trasplante, empujada por la presión mediática, accedió a dar una rueda de prensa para contar su experiencia.

En escena, como en un periódico, se decide una nueva realidad. Bagnera ha puesto en su propia conferencia varios aspectos que poco tienen que ver con el interés científico de la operación. Entraremos en los relatos más cotidianos de esta familia, nos contarán cómo afrontaron su nueva situación, el ataque despiadado de los periodistas- a veces más traumático que las dentelladas del perro que la desfiguró- y los juicios de la sociedad ante una costosa operación para dignificar la vida de una mujer que presuntamente quería suicidarse. La actriz hace un trabajo pausado y bien pensado, con una gestualidad cuidadosamente seleccionada para sus manos, da la sensación de haber estado pensando lo que iba a decir durante mucho tiempo, titubea en los momentos más dramáticos del accidente y pide a su hija Lucie (Fabia Castro) que cuente cómo pasó.

“Aún no consigo besar” manipula el teatro documental para conseguir nuevas y mayores profundidades. Por medio del recurso de la elipsis nos abre una mirilla a nuevas ficciones como la relación de la paciente con su psicóloga Sylvie (comprensiva y lacerante Elvira Arce) y nos plantea otra cara de la victima dejando en evidencia la subjetividad de sus propios recuerdos. Una cara humana y real que lejos de las historias de emotiva superación que tanto gustan a la prensa enseña sin pudor sus momentos menos asertivos, sus odios y sus carencias.

Isabelle ha recuperado las ganas de vivir, asegura que nunca las perdió, pero aún no consigue besar, los músculos de sus labios no han conseguido hacer esa forma, aunque después de conocerla y superar el primer impacto de su imagen exterior entendemos que algunas cosas necesitan una rehabilitación diferente; para poder besar, amar y perdonar también hace falta querer hacerlo.

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"Aún no consigo besar": contra el morbo, 9.7 out of 10 based on 3 ratings
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