En 1944 la heredera entrada en años Florence Foster Jenkins es una figura destacada de la escena social de Nueva York. Es una generosa mecenas de la música clásica en la ciudad y la fundadora del “Club Verdi”, ella y su marido británico convertido en manager, St. Clair Bayfield, ofrecen a la elite de la ciudad muestras de tableaux vivants, protagonizados, por supuesto, por la mismísima Madame Florence.

Cuando acude al Carnegie Hall para escuchar a la famosa soprano Lily Pons, Florence se inspira para empezar a cantar de nuevo y decide tomar lecciones de canto, decisión que el leal Bayfield apoya encarecidamente. A ellos se suma Cosme McMoon, un joven pianista emergente como su acompañante. ¡Es el trabajo de sus sueños! Hasta que se da cuenta, claro está, que a pesar de que ella se considera un fenómeno vocal, Madame Florence apenas puede seguir una melodía.

Esta comedia une por primera vez a Stephen Frears, Meryl Streep y Hugh Grant. estaba familiarizada con Florence Foster Jenkins, pero la idea de trabajar con Stephen Frears fue lo que más le atrajo: “Tengo un vago recuerde durante mi primer año de escuela dramática de gente de la escuela pasándose una grabación de Florence cantando. Recuerdo una especie de grito que todos repetíamos por ahí. Stephen me llamó y dijo ‘Tengo un papel para ti, es la peor cantante de ópera del mundo’ y me emocioné. Dije que sí antes de leer el guión porque siempre he querido trabajar con Stephen. Tiene una gran reputación entre actores de ser alguien con quien realmente quieres trabajar”.

Dejando a un lado el cantar desastroso, la historia para Meryl Streep tenía un corazón muy tierno. “Trata de una relación larga y feliz entre dos personas cuyos intereses personales se vieron satisfechos en la relación y por lo honesto de los sentimientos y afectos que tenían el uno por la otra. La historia tiene tanta emoción real”.

“La Florence Foster Jenkins real fue la auténtica mujer de club”, comenta Streep. “Ese era un tiempo en el que las profesiones no estaban al alcance de las mujeres, así que había mujeres con recursos que se mantenían ocupadas y hacían obras caritativas. Florence fue una gran patrona de las artes en Nueva York y así fue como escaló socialmente. Mantuvo viva la vida musical de la ciudad, ella financió conciertos en el Carnegie Hall y repartió el dinero que había heredado”.

Sin embargo, más que una filántropa, Jenkins también era una mujer determinada a cumplir su sueño verdadero. “Florence es alguien que mantuvo algo que todos tenemos cuando somos niños, cuando realmente no puedes hacer nada tan bien, pero te empeñas en imaginarte haciendo cosas y disfrutándolo”, dice Streep. “Es el sentido más puro de la palabra amateur. Sólo cantaba para sus amigos y un público selecto, con la única excepción de la actuación en el Carnegie Hall, porque no cantaba tan bien pero le encantaba y estaba enamorada de la música y hay algo de ese disfrute en nuestro guión”.

Una vez que Meryl Streep se comprometió, Frears acudió a Hugh Grant. “Le dije que había encontrado algo que creía que le gustaría y a los tres días dijo que sí”, cuenta. “Siempre he pensado que es un muy, muy buen actor y un cómico brillante y me gusta la gente que puede hacer comedias ligeras”.

“Conocía vagamente la figura de Florence Foster Jenkins”, dice Grant. “Recuerdo que hace años mi primo me mando una cinta de la peor cantante del mundo y pensar que era una de las cosas más graciosas que había oído en mi vida. Pero no estaba actuando mucho porque estaba muy involucrado en la compaña “Hacked Off” para la transparencia en prensa. Otra de las personas involucradas es Stephen Frears, que solía venir a nuestros eventos y decía ‘Deberíamos hacer una película juntos’ y yo le decía que ya no actuaba. Pero me mandó el guión de Nicholas Martin, que es realmente brillante, genuinamente gracioso y conmovedor. Meryl ya estaba fichada como Florence así que tenía que hacerla”.

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